1917

119 mente de eso es ridículo. Como sería ridículo decir especialmente que un médico que se halla junto a la cabecera de un enfermo grave no tiene derecho a apartarse de él para emitir un sufragio. O que un obrero, ocupado en una producción cuyo carácter ininterrum- pido es considerado por todos absolutamente necesario, no tiene derecho a abandonar su trabajo, hasta que lo releve otro obrero, para ejercer sus derechos políticos. Semejantes salvedades serían en verdad poco serias o incluso deshonestas. La participación en la milicia es una de las reivindicaciones más importantes y cardinales de la democracia, una de las garantías más esenciales de la libertad. (Agreguemos, entre paréntesis, que no hay medio más seguro de elevar las cualidades puramente militares y la fuerza militar del ejército que sustituir el ejército regular con el armamento general de todo el pueblo y utilizar a los soldados para instruir al pueblo; en toda guerra auténticamente revolucionaria se ha empleado y se empleará este método.) La organización inme- diata, incondicional y general de la milicia de todo el pueblo y el desarrollo de la múltiple participación de los soldados en la milicia: en eso radica el interés vital tanto de los obreros como de los cam- pesinos y los soldados, de toda la inmensa mayoría de la población, de la mayoría no interesada en proteger las ganancias de los terrate- nientes y de los capitalistas.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=